Propiedad privada: muro protector contra la envidia
La envidia puede mutar de emoción individual a política. Cuando se vuelve políticamente útil, se transforma en votos, leyes y políticas públicas que castigan el éxito ajeno.
Helmut Schoeck lo explicó con claridad: la propiedad privada no crea la envidia, la contiene. Funciona como un muro que limita su daño social, porque puede dirigirse hacia la propiedad de otro, no hacia ese otro. Cuando se ha expropiado la propiedad privada, la envidia no desaparece, muta, y sólo queda el individuo, que será objeto de todas las maldades de los envidiosos.
El resultado de un colectivo envidioso es siempre el mismo:
empobrecimiento general… y privilegios para quienes lo gobiernan.
¿Te suena?
¿Tú qué piensas?
Video Pilar Almagro de 28/1/26 de 3.39 minutos
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