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miércoles, 29 de abril de 2026

Calibán el ogro | Fernando López Martín

Calibán el ogro | Fernando López Martín
Calibán el ogro | Fernando López Martín


Gigante como un roble,
velludo como un oso,
y huraño en sus miradas,
es Calibán, el ogro.

Un día Mari-Blanca se puso azul corpiño, sobre las rubias trenzas un cerco de madroños, y así, como una sílfide, se fue a buscar campánulas por la profunda calma del bosque tenebroso.

Como una mariposa de flor en flor corría, como mariposa, cuando en sus giros locos, junto al umbral sombrío de una caverna oscura bajo la triste selva, vio a Calibán, el ogro.

¿Queréis señor, decirme —le dijo Mari-Blanca, cansada de sus gritos— cuál de estas sendas tomo para salir del bosque, que ya las sombras llegan y temo que mi paso pueda encontrar el lobo?

El rey del bosque oscuro, vencido por el mágico poder de la inocencia, quedó mudo de asombro —pues él pensaba, huraño, comerse a Mari-Blanca—, y, no sabiendo cómo salir de aquel mal paso, le dijo: —Si me cuentas un cuento que me guste, podrás salvarte; sólo a cambio de ese cuento podrás salir con vida del bosque tenebroso.

Vais a escuchar un cuento —le dijo Mari-Blanca— más bello que un tesoro de perlas y rubíes. Podéis, para escucharle, tenerme en las rodillas, sentado sobre un tronco.

Y así empezó la niña, jugando con sus trenzas, brillantes como el oro: «Caperucita Roja salió una azul mañana....»

Y Calibán el ogro oyó, grave y atento, la peregrina historia, y cuentan que, acabando, por el boscaje sordo cubierto de negruras la acompañó, y que, al verla temblando ante el silencio del bosque pavoroso, con maternal cuidado la acariciaba, al tiempo que ¡oú!, ¡oú! decía para asustar al lobo.

Por eso, cuando dicen que Calibán es malo y hambriento como un oso, la dulce Mari-Blanca se rie mientras pone sobre sus rubias trenzas un cerco de madroños.

Calibán, el ogro, Fernando López Martin (1882-1942?).


martes, 24 de marzo de 2026

El silencio de las sirenas | Franz Kafka

 

El silencio de las sirenas | Franz Kafka
El silencio de las sirenas | Franz Kafka

 

«El silencio de las sirenas» es el nombre que Max Brod (el amigo de Franz Kafka que decidió publicar toda la obra de este en lugar de quemarla, contradiciendo así los últimos deseos del autor) le dio a un breve pero famoso texto narrativo escrito por Kafka y que reproducimos aquí.

Existen métodos insuficientes, casi pueriles, que también pueden servir para la salvación. He aquí la prueba:

Para protegerse del canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos con cera y se hizo encadenar al mástil de la nave. Aunque todo el mundo sabía que este recurso era ineficaz, muchos navegantes podían haber hecho lo mismo, excepto aquellos que eran atraídos por las sirenas ya desde lejos. El canto de las sirenas lo traspasaba todo, la pasión de los seducidos habría hecho saltar prisiones más fuertes que mástiles y cadenas. Ulises no pensó en eso, si bien quizá alguna vez, algo había llegado a sus oídos. Se confió por completo en aquel puñado de cera y en el manojo de cadenas. Contento con sus pequeñas estratagemas, navegó en pos de las sirenas con alegría inocente.

Sin embargo, las sirenas poseen un arma mucho más terrible que el canto: su silencio. No sucedió en realidad, pero es probable que alguien se hubiera salvado alguna vez de sus cantos, aunque nunca de su silencio. Ningún sentimiento terreno puede equipararse a la vanidad de haberlas vencido mediante las propias fuerzas.

En efecto, las terribles seductoras no cantaron cuando pasó Ulises; tal vez porque creyeron que a aquel enemigo sólo podía herirlo el silencio, tal vez porque el espectáculo de felicidad en el rostro de Ulises, quien sólo pensaba en ceras y cadenas, les hizo olvidar toda canción.

Ulises (para expresarlo de alguna manera) no oyó el silencio. Estaba convencido de que ellas cantaban y que sólo él estaba a salvo. Fugazmente, vio primero las curvas de sus cuellos, la respiración profunda, los ojos llenos de lágrimas, los labios entreabiertos. Creía que todo era parte de la melodía que fluía sorda en torno de él. El espectáculo comenzó a desvanecerse pronto; las sirenas se esfumaron de su horizonte personal, y precisamente cuando se hallaba más próximo, ya no supo más acerca de ellas.

Y ellas, más hermosas que nunca, se estiraban, se contoneaban. Desplegaban sus húmedas cabelleras al viento, abrían sus garras acariciando la roca. Ya no pretendían seducir, tan sólo querían atrapar por un momento más el fulgor de los grandes ojos de Ulises.

Si las sirenas hubieran tenido conciencia, habrían desaparecido aquel día. Pero ellas permanecieron y Ulises escapó.

La tradición añade un comentario a la historia. Se dice que Ulises era tan astuto, tan ladino, que incluso los dioses del destino eran incapaces de penetrar en su fuero interno. Por más que esto sea inconcebible para la mente humana, tal vez Ulises supo del silencio de las sirenas y tan sólo representó tamaña farsa para ellas y para los dioses, en cierta manera a modo de escudo.

FIN

© “Das Schweigen der Sirenen” (El Silencio de las Sirenas), 1917 Franz Kafka

Versión en español publicada en Ciudadseva: https://ciudadseva.com/texto/el-silencio-de-las-sirenas/
 

© Imagen generada mediante IA 

miércoles, 11 de diciembre de 2024

Eso no puede ser verdad

 



Regreso del Futuro 2


DICIEMBRE DE 1984. Se encuentran dos amigos, Matías y Lucas, que hace mucho tiempo que no se veían. Matías parece un indigente, pues viste con unos pantalones bastante gastados y su camisa es de un color indefinido. Puede que en algún momento fuese beige, pero en ese momento resulta muy difícil determinar su color original. A Lucas se le ve muy bien.

Lucas hace un amago de darle un abrazo, pero avanza primero su mano que el otro acepta. Se miran y se dan el abrazo.

¡Cuánto tiempo, Matías! — dice Lucas mientras da un paso hacia atrás para repasar su amigo de arriba a abajo.

¡A ti sí que se te ve bien! — responde Matías.

¡Hombre! Los años no pasan en balde… Ya no podías subir las escaleras, tuve que vender el piso y me fui a vivir con mi hija…, y el imbécil de mi yerno. ¡Pero bien!

Se hace un corto silencio. Entonces Lucas intenta salvar la situación y ayudar a su amigo.

No hace falta que me digas nada. No se te ve muy bien. ¿Puedo ayudarte en algo?

Gracias, pero no. Prefiero la libertad.

Hombre, ahora tenemos libertad.

¡Ja! Antes de que os deis cuenta, ya no la tendréis. Yo duermo donde puedo, pero no te voy a contar mi vida. A veces tengo sueños y el otro día tuve como una pesadilla. No me atrevo a llamarlo premonición. ¿Te lo puedo contar?

Sí, anda. Yo tengo todo el tiempo del mundo.

¡Y yo!

Pues como te decía, en el sueño me vi en el futuro, creo que era dentro de cuarenta años, en el 2024.

¿Y?

No me creerías…

¡No sé! Te he pedido que me lo cuentes.

Pues sigo. Pero no me interrumpas. Si te parece que todo está muy caro, te vas a enterar de como va a ser dentro de cuarenta años — Matías hace un gesto con la mano para insistir a su amigo que no le interrumpa —. Para empezar, hay una nueva moneda para toda Europa. La llaman el Euro. Pero para lo único que sirve es para que todo sea mucho más caro. Fíjate, el aceite se vende a precio de güisqui, el quilo de lentejas sobre las cuatrocientas pesetas de ahora. Y la vivienda, ni te cuento. Con decirte que en capitales se piden entre cincuenta y cien millones de pesetas por un piso corriente y moliente que ahora vale cinco o diez. ¡No lo acabará de pagar ni todos los bisnietos juntos!

¿Y el pan? — interrumpe Lucas que no puede dar crédito a lo que escucha.

¿El pan?

Pues una barrita de nada, casi vale 200 pesetas de las de ahora.

¡Vamos anda! Eso no puede ser. Es que no puede ser, que si eso que dices fuese verdad, se arma una revolución... Queman a alguien. No sé, no me lo puedo creer.



© Manel Aljama, diciembre 2024

© Foto de Kaboompics.com en Pexels


miércoles, 4 de diciembre de 2024

No mires a los ojos de la gente

 


 

Regreso del Futuro 1


SONABA «No mires a los ojos de la gente» que la peña coreaba a grito pelado, aunque estuvieran afónicos por llevar más de media hora haciendo eso. Era de lejos el tema más esperado en el concierto que Golpes Bajos daba en Alcorcón. Yo no estaba afónico. Bueno, de hecho, es como si no estuviese. Aquel día me había levantado un poco raro y no lo podía disimular. Karla no paraba de mirarme extrañada como si de verdad se preocupase por mí. Lo parecía.

El estadio estaba abarrotado por gente del municipio, del barrio y fans enfervorizados que se habían desplazado desde Madrid. Había de todo, punkis, pelos azules y naranja, siniestros, rockers irreductibles. ¡Algun cronista podría haber dicho que era cosa de pueblerinos!

Era el último bis y los del estadio ya habían empezado a encender las luces del estadio con la consiguiente bronca del público. Karla no me había quitado el ojo de encima en todo el concierto. Parecía preocupada. Debía de ser la cara que hacía. La noche anterior no había dormido mucho, pero no podía comentar nada del sueño. La veía bella.

Tío, ¿Qué te pasa? A ti te pasa algo… ¿Acaso la priva era de garrafón? — Al final, cansada de observar, me dirigió la palabra.

¡No me rayes! ¡Que menudo sueño he tenido esta noche…! — respondí

¡Ahora vas y me lo cuentas!

Me vas a tomar por loco…

Ah, ¿pero no lo estabas ya?

Es que esta noche he tenido un sueño.

Las luces del escenario se apagaron y la gente se dio por vencida. El público heterogéneo empezó a desfilar hacia las salidas donde los vendedores ambulantes esperaban agotar las reservas de botes de cerveza. Karla me seguía en silencio.

¿Hacemos la última? — preguntó.

¡Vale! Pero la compras tú — asentí.

¡Joder! ¡Estas de un muermo! — dijo mientras se aproximó al vendedor que tenía las birras en un discretísimo barreño de plástico rojo atiborrado de cubitos de hielo todavía sin derretir.

Abrimos los botes y empezamos a caminar, mientras le daba algunos sorbos al mío.

Pues resulta que he soñado, que viajaba al futuro, más allá del año 2000. Creo que era el 2024 — Karla puso los ojos como platos —. Ya no quedaba nada de la Movida. Ya se habían ido al otro barrio, Carlos Berlanga, Manolo Tena, Antonio Vega, Germán Coppini...

¡Pero qué dices! — Karla me interrumpió.

Déjame seguir, por favor. Aún no he terminado. La lista de gente que ya se había ido al más allá es mucho más larga. Mira: Quique Urquijo de los Secretos, Eugenio Haro de Glutamato Ye-Ye, Tino Casal, Edu de Parálisis Permanente, ¡y hasta Lolo Rico! — me volvió a interrumpir y su cara no podía ser de mayor asombro.

¿En serio? ¡Esa gente es aún muy joven para palmarla!

Pero si no son los únicos. Mira, yo buscaba los referentes de hoy en un ordenador conectado a otro ordenador gigante y los de Aplauso ya no estaban, ni tampoco la Carrà… — me volvió a interrumpir.

Bueno, ¡eso ya parece más lógico! ¡Que no es una niña! Y hablando de música, ¿qué música has escuchado en el 2024?

Pues siéntate que te vas a caer. Puse la radio y sonaba una música que parecía hecha con la batidora, la aspiradora y la lavadora… como un pumba-chaka-pumba-chaka insufrible.

¡Qué fuerte!

Y eso no es todo. Había otra que hacían con un teclado y que no sabían ni cantar y rimaban «amol» con «dolol» y le llamaban reguetón.

Creo que necesitas descansar. Eso no parece una premonición, sino una pesadilla. Ya lo dice la canción que más nos gusta: «No mires a los ojos de la gente…»



© Manel Aljama, diciembre 2024

© Tema «No mires a los ojos de la gente», por German Coppini y Teo Cardalda en Golpes Bajos (1983)

© Imagen de Todo Colección

martes, 8 de octubre de 2024

Los mejores relatos publicados en GB en papel y Kindle

 

Los Relatos del Búho

Como una asignatura pendiente. Después de unos años, los cuentos que publiqué en GB y tambén en el Viajero, merecían algo más que la breve antología de "Cuentos para el Camino" de 2013. Ahora en papel y en digital con precio asequible. Están casi todos, excepto los de la Alcoba y algunos que no han resistido el paso del tiempo. 

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©  Manel Aljama (septiembre de 2024)
Escritor, Editor, Podcaster, Creador de Contenidos y Formador de Tecnologías 

martes, 9 de enero de 2024

La mejor obra de mi vida

 


 

APOSTÓLIOS regentaba un pequeño restaurante de comida griega para turistas, cerca de la plaza Omonia, en un callejón peatonal en una zona muy degradada de Atenas y poco recomendable para visitarla de noche. Vivía en el piso de arriba. El modesto negocio le permitía pagar todos los gastos. Al lado del restaurante había una frutería con toda su mercancía al alcance de cualquiera. Un día, el frutero ahuyentó uno de los innumerables ladronzuelos que aprovechaban la ocasión para mangar fruta. El chico acabó en el suelo con varias heridas en brazos y piernas. El joven se arrastró hasta el restaurante de Apostólios. Vestía harapos que después de la caída se habían rasgado aún más. La piel tostada por el sol, la mirada huidiza y el pelo sucio.

Apóstolios ganó su confianza y le hizo entrar en casa donde se lavó y se vistió con ropa limpia y pudo comer caliente. Aquel chiquillo dijo llamarse Owen. El viejo sintió pena y le llevó a una institución de acogida donde quedó ingresado. Ese día, Apostólios volvió a casa con la conciencia de haber hecho la mejor obra de su vida.

Giorgios regentaba un comercio de souvenirs en el barrio del Pireo. El negocio funcionaba. Los turistas, sobre todo los de los cruceros, compraban figuritas del Partenón y camisetas de fútbol. Disponía de medidas de seguridad para evitar los hurtos. Detestaba a aquellos chiquillos que mendigaban y que sólo venían a ahuyentar su respetable clientela. Un día tropezó con uno de esos rateros cuando estaba a punto de afanar la cartera de un turista. El chico se volvió y sacó una navaja que acercó a la barbilla de Giorgios. Pero el hombre fue más rápido: le quitó el arma con una mano, mientras le agarró por el pescuezo con la otra y, acto seguido, con un fuerte empujón y la ayuda del pie, lo tumbó. Le puso la pierna encima, para que no se levantara. Giorgios pidió disculpas a un cliente que ya salía por la puerta. Éste, saludó y se marchó con una miniatura de la Acrópolis que había conseguido meterse en el bolsillo. Un vecino, alertado por el alboroto acudió en ayuda de Giorgios. El chico se llamaba Evan. Se lo llevó la policía.

―¡Así aprenderás lo que es bueno!, ―dijo mirándole a los ojos―. Espero que aproveches esta oportunidad que te doy. Ya te acordarás de mí algún día…, ¡y me lo agradecerás! ¡Por supuesto que me lo agradecerás!

Ese día, Giorgios volvió a casa con la conciencia de haber hecho la obra de su vida. Años más tarde, el país padecía las penas del rescate bancario. Apostolios había tenido que cerrar el restaurante y vender el edificio. No pudo pedir dinero a la familia con la que tenía poca relación. A menudo se preguntaba si ese parentesco era de verdad o tan solo una coincidencia. Esto pensaba mientras hacía cola en la oficina de correos donde recogía la exigua ayuda estatal que recibía cada mes. Aquella estafeta era de las pocas que aún seguían abiertas en la ciudad, donde casi todas las operaciones bancarias se realizaban con medios electrónicos. Con el más que previsible cierre, la Administración no había invertido ni un euro en medidas de seguridad y los empleados hacían su trabajo atemorizados. 

El hombre guardaba su turno. De repente, irrumpió un chico con un arma corta con mecanismo de repetición que tenía toda la pinta de haber sido antes una de esas pistolas rusas que podían convertirse en ametralladora. El joven quería la recaudación y los empleados obedecieron, como autómatas sin criterio propio. El asaltante miró la cola de personas que se esperaba y reconoció al Giorgios entre los presentes.

―¡Ah, Mira quien tenemos aquí!  ¡Volvemos a encontrarnos! ―Apostolios no entendía nada.

―Tengo que darte las gracias por la oportunidad que me diste! Cuatro años ―diciendo esto abrió fuego y una ráfaga derribó a Apostólios sin que pudiera hacer nada.

Apostolios, el hermano gemelo de Giorgios cayó de espaldas dejando un gran charco de sangre.

―Como ves he aprovechado la oportunidad que me diste y he aprendido la lección ―dijo mientras marchaba con el saco lleno de dinero y la gente de la cola respiraba aliviada por haberse librado de la muerte.

Cuando Giorgios supo la noticia pensó en fundar un partido para restablecer la pena de muerte. ¡Con tanta violencia no sabía dónde irían a parar!

Manel Aljama (octubre 2023)
Escriptor, Editor, Podcaster, Creador de Continguts i Formador de Tecnologies

© Photo by José León on Unsplash

miércoles, 3 de enero de 2024

No tienen alma | de Los Relatos del Búho

 

mage d’illustration – Everett Collection / Shutterstock.com

Se agolpaban en una jaula de escaso tamaño o tal vez eran demasiados. Estaban obligados a convivir en el diminuto espacio a pesar de venir de sitios diversos. Se hacinaban hombres y mujeres, niños, jóvenes y viejos. Sólo tenían en común la derrota, el miedo y un futuro incierto. Su enemigo era mucho más temible y poderoso. Su situación era la mejor prueba. Apareció una figura que vestía diferente, de un color como de sangre. Muchos de ellos creyeron que había llegado su hora. El hombre llevaba un objeto extraño en la mano. Pronunció unas palabras:

Dios bendiga a estas criaturas ignorantes de tu infinita bondad y les proteja en la travesía. Amén —les salpicó con algo parecido a agua.

¿Los podemos embarcar ya? —preguntó el otro jefe.

No tienen alma. Estas bestias no están bautizadas. Yo sólo he bendecido la carga. Cuando lleguen a puerto deberían al menos bautizarlos si tienen que tocar los bienes de los blancos.

Como usted diga así se hará —respondió jefe de los negreros— en cuanto atraquemos en Puerto Príncipe.

 

Publicado anteriormente el 2/2/2010: https://manelaljama.blogspot.com/2010/02/no-tienen-alma.html

©  Manel Aljama (enero de 2024)
Escritor, Editor, Podcaster, Creador de Contenidos y Formador de Tecnologías

© Foto – Everett Collection / Shutterstock.com

 

jueves, 23 de noviembre de 2023

Dale café, mucho café - 15 años

 

(c) Foto Barranco de Víznar - F.Juan-A.-Martín-Jaimez

 

SUS CAPTORES, ocultos detrás de gafas oscuras, presenciaron el abrazo hieráticos y en silencio. Cumplían órdenes. Luís le prometió que todo se aclararía, que lo soltarían si no existía ninguna denuncia en su contra.

—Federico, tú no has hecho nada malo  —le decía mientras por dentro lamentaba que no hubiese hecho caso al embajador de México.

El coche negro se alejó con presteza de aquel sitio. En el trayecto hacia La Colonia, Federico, con mirada perdida y pensamientos asustados se repetía: "¡qué error! ¡qué inmenso error!".

A solas Luis pensaba: “¡Pobre Federico! ¡Ni Dios te salva!”

En un sucio y desordenado despacho del Gobierno Civil, José Valdés Guzmán, su ocupante, hablaba por teléfono:

—Ya lo tenemos. Ha sido fácil. Muy fácil. El pájaro se refugió en casa de Luis...  ¡No hay problema Luís es de los nuestros!

—A sus órdenes. ¡Le daremos café, mucho café! ¡No esperaremos a que amanezca!

En el patio de La Colonia se hacinaban cientos de hombres.  Unos dormitaban mientras los otros tenían los ojos abiertos de espanto. Se oyeron pasos de botas caladas que se acercaban. Era una cuadrilla.

—A ver, ¡que se incorporen! Dióscoro Galindo, Francisco Galadí y Joaquín Arcollas.

Nadie musitaba ni un silbido. Parecía que la respiración era un quejido. Había poca luz.

—¿Están todos? —preguntó la misma voz.

—Falta este  —respondió el otro señalando al poeta.

Todavía no había empezado a clarear el día 19 de agosto de 1936. Abandonaron el lugar en el mismo vehículo, hacia el norte, hacia la Sierra de la Alfaguara.  El Buick se detuvo en un descampado a las afueras de Granada. Les hicieron bajar. Sonaron los disparos de pistola con los olivos por testigo. La retama, el tomillo y el romero hicieron de mortaja a los cuerpos. Las azucenas no brillaron ese día y los petirrojos espantados no salieron con el sol dejando a los cuervos hacer de las suyas desde entonces. Ni brisa soplaba.

—Misión cumplida. ¡Pues estos, ni vizneros ni alfacareños!  ¡Enterradlos bien!

©  Manel Aljama (noviembre de 2009)
Escriptor, Editor, Podcaster, Creador de Continguts i Formador de Tecnologies

© Foto Barranco de Víznar - F.Juan-A.-Martín-Jaimez Web Universo Lorca

Relato incluido en el libro Los Relatos del Búho" disponible en tapa blanda y en formato Kindle

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Otra publicación en este bloc: https://manelaljama.blogspot.com/2009/11/dale-cafe-mucho-cafe.html

viernes, 18 de marzo de 2022

Los mejores cuentos de GB en papel y kindle


Los Relatos del Búho

Como una asignatura pendiente. Después de unos años, los cuentos que publiqué en GB y tambén en el Viajero, merecían algo más que la breve antología de "Cuentos para el Camino" de 2013. Ahora en papel y en digital con precio asequible. Están casi todos, excepto los de la Alcoba y algunos que no han resistido el paso del tiempo. 

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viernes, 18 de febrero de 2022

Los Relatos del Búho - Vista previa


Los Relatos del Búho

Como una asignatura pendiente. Después de unos años, los cuentos que publiqué en GB y tambén en el Viajero, merecían algo más que la breve antología de "Cuentos para el Camino" de 2013. Ahora en papel y en digital con precio asequible. Están casi todos, excepto los de la Alcoba y algunos que no han resistido el paso del tiempo. 

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miércoles, 29 de diciembre de 2021

Los Relatos del Búho

 



Los Relatos del Búho

Como una asignatura pendiente. Después de unos años, los cuentos que publiqué en GB y tambén en el Viajero, merecían algo más que la breve antología de "Cuentos para el Camino" de 2013. Ahora en papel y en digital con precio asequible. Están casi todos, excepto los de la Alcoba y algunos que no han resistido el paso del tiempo. 

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miércoles, 1 de diciembre de 2021

Página Amazon con Los Relatos del Búho

 

Los Relatos del Búho - Manel Aljama

Estreno página en Amazon y también obra: Los Relatos del Búho que agrupa la mayor parte de relatos publicados en este bloc y unos años antes,, en el extinto GrupoBúho.

Los Relatos del Búho

Como una asignatura pendiente. Después de unos años, los cuentos que publiqué en GB y tambén en el Viajero, merecían algo más que la breve antología de "Cuentos para el Camino" de 2013. Ahora en papel y en digital con precio asequible. Están casi todos, excepto los de la Alcoba y algunos que no han resistido el paso del tiempo. 

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martes, 31 de marzo de 2020

¡Muerde esta manzana!



Noviembre de 2019, una canciller llama al presidente de gobierno de un país del sur de Europa, famoso por su incompetencia y falta de rigor presupuestario y que además, está endeudado hasta cuatro generaciones. La cancillera habla la lengua del país, el presidente no sabe ninguna otra lengua más que la materna.
-Venga, muerde esta manzana! Acepta las condiciones que te ponemos en bandeja.
-No sé si ..
-¡Pues claro! La manzana neoliberal hará que de un plumazo te libres de pensionistas, enfermos crónicos y parados de larga duración ... Si me haces caso, en vez de 20.000 muertos, tendrás 200.000 o más y así os podremos ayudar económicamente ...
-¡Es que esto es muy fuerte!
-¡Por supuesto que es muy fuerte! ¿Quién pagará la deuda, tú?
-De acuerdo. Tú ganas.
Pasado unos meses, en abril de 2020. El presidente llama a la canciller.
-Me dijiste 200.000 y ya llevamos medio millón de muertes. ¡Y murieron más jóvenes que jubilados! La economía se ha ido a la mierda. ¡No me habías dicho nada de eso!
-¡Inútiles! Siempre con los cojones por delante. Me escuchaste a mí y no a los expertos de verdad. ¡Qué le vamos a hacer! Deberás aceptar un rescate para que tus bancos no se enfaden. ¡Nosotros siempre ganamos!


#yomequedoencasa
© Manel Aljama, marzo de 2020
© Imagen Coffe en Pixabay