lunes, 4 de mayo de 2026

Sotileza (fragmento) | José María de Pereda

Sotileza (fragmento) | José María de Pereda
Sotileza (fragmento) | José María de Pereda

 

Entre las gentes marineras (y no se ofendan los de acá, porque el oficio que traen no es para otra cosa), una persona limpia es punto más raro que las peras de a tres libras. En Sotileza fue creciendo con los años el instinto del aseo; y a mi modo de ver, de la fuerza del contraste que formaba aquella su inverosímil pulcritud de carnes y de vestido con la basura de los lugares y personas en medio de la cual vivía...; a mi modo de ver, repito, de la fuerza de este contraste, tan singular, debió nacer en el Cabildo de Arriba la fama de la hermosura de Sotileza... Porque yo recuerdo muy bien que lo primero que se echaba de ver en aquella garrida muchacha cuando estaba, a los veinte años, en la flor de su galanura, era la limpieza extremada de su atavío, en el que dominaban siempre las notas claras, como si esto fuera un alarde más de su pulcritud a prueba de peligros; y no emperejilada para las fiestas de la calle, o las bodas de la vecindad, o la misa o el paseo de los domingos, que esto probaría bien poco; sino todos los días a la puerta de la bodega, en los altos del Paredón, atravesada en la acera, tejiendo la red en el portal, sacando la barredura a la mitad del arroyo o remendando los calzones del tío Michelin; en refajo corto, descubriendo por debajo tres dedos de lienzo más blanco que la nieve; con justillo de mahón rayado de azul; pañuelo de mil colores sobre el alto, curvo y macizo seno; a medio brazo las mangas de la camisa, y otro pañolito de seda, claro también, graciosamente atado a la cofia, sobre el nutrido moño de su pelo castaño de ondas tornasoladas de oro bruñido; ...y entonces se reparaba en los aplomos admirables y en los lineamientos finos y gallardos de la pierna y del pie, desnudos y blan quísimos, que asomaban por debajo de la tira del lienzo; en el torneado brazo, desnudo también; en el cuello redondo y escultural, que se alzaba sobre los anchos hombros, y, por fin, en la cara saludable, fresca, verdaderamente primaveral, la porción más envidiable de la valiente cabeza que el cuello soste nía, y sobre el cual centelleaban, al bambolearse, los anchos anillos de oro colgando de las menudas orejas.
 

"Sotileza", José María de Pereda (1833-1906)

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