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miércoles, 29 de abril de 2026

Calibán el ogro | Fernando López Martín

Calibán el ogro | Fernando López Martín
Calibán el ogro | Fernando López Martín


Gigante como un roble,
velludo como un oso,
y huraño en sus miradas,
es Calibán, el ogro.

Un día Mari-Blanca se puso azul corpiño, sobre las rubias trenzas un cerco de madroños, y así, como una sílfide, se fue a buscar campánulas por la profunda calma del bosque tenebroso.

Como una mariposa de flor en flor corría, como mariposa, cuando en sus giros locos, junto al umbral sombrío de una caverna oscura bajo la triste selva, vio a Calibán, el ogro.

¿Queréis señor, decirme —le dijo Mari-Blanca, cansada de sus gritos— cuál de estas sendas tomo para salir del bosque, que ya las sombras llegan y temo que mi paso pueda encontrar el lobo?

El rey del bosque oscuro, vencido por el mágico poder de la inocencia, quedó mudo de asombro —pues él pensaba, huraño, comerse a Mari-Blanca—, y, no sabiendo cómo salir de aquel mal paso, le dijo: —Si me cuentas un cuento que me guste, podrás salvarte; sólo a cambio de ese cuento podrás salir con vida del bosque tenebroso.

Vais a escuchar un cuento —le dijo Mari-Blanca— más bello que un tesoro de perlas y rubíes. Podéis, para escucharle, tenerme en las rodillas, sentado sobre un tronco.

Y así empezó la niña, jugando con sus trenzas, brillantes como el oro: «Caperucita Roja salió una azul mañana....»

Y Calibán el ogro oyó, grave y atento, la peregrina historia, y cuentan que, acabando, por el boscaje sordo cubierto de negruras la acompañó, y que, al verla temblando ante el silencio del bosque pavoroso, con maternal cuidado la acariciaba, al tiempo que ¡oú!, ¡oú! decía para asustar al lobo.

Por eso, cuando dicen que Calibán es malo y hambriento como un oso, la dulce Mari-Blanca se rie mientras pone sobre sus rubias trenzas un cerco de madroños.

Calibán, el ogro, Fernando López Martin (1882-1942?).


domingo, 28 de diciembre de 2014

Los cuentos de Ferrándiz


En estas fechas me viene a la memoria aquellos dibujos de Ferrándiz.  Cuentos que recuerdo:  Amadeo astronauta, La ratita presumida, Aladino y la lámpara maravillosa,
Miedito el buen fantasmito, Olga y Jorge en vespa, Mari Pili en biscúter.

La Web Oficial amb material de Ferràndiz: http://www.memoryferrandiz.com/

lunes, 9 de septiembre de 2013

31ª Setmana del Llibre en Català


Si hubiese normalidad no habría que hacer estas semanas...  Un pequeño balance de esta primer fin de semana.

Escritora de 12 años y editora contenta:


Foto final del debate sobre Literatura Infantil y Juvenil (LIJ). De izquierda a derecha Pep Albanell, Maria Carme Roca, Jordi Milian (moderador), Hypàtia Pètriz, Francesc Miralles.

 

Y la ruta Barcino de la mano de la escritora Maria Carme Roca:


Manel Aljama (septiembre 2013)

domingo, 14 de julio de 2013

Diez clásicos para niños


Ahora que vienen las vacaciones dejo una lista de clásicos catalogados como "juveniles" y que són auténticos libros de cabecera. Hay de todo  y para todos los gustos. Y no gastan baterías...
  • "El Principito" de Antoine de Saint-Exupéry
  • "Las aventuras de Tom Sawyer" de Mark Twain
  • "Momo" de Michael Ende
  • "Robinson Crusoe" de Daniel Defoe
  • "Cuentos de la Selva" de Horacio Quiroga
  • "La isla del tesoro" de Robert Louis Stevenson
  • "Viaje al  centro de la Tierra" de Jules Verne
  • "El príncipe feliz" de Oscar Wilde"
  • "El viejo y el mar" de Ernst Hemingway
  • "Un cuento de navidad" de Charles Dickens

Manel Aljama (julio, 2013)

viernes, 29 de marzo de 2013

jueves, 18 de diciembre de 2008

Tobor el Robot

—No se mueve, no hace nada —dijo Tobor el robot a sus propietarios que también eran sus padres. Se había puesto triste al comprobar que el hijo que le habían regalado para jugar ni siquiera hablaba.
—Es mejor así —respondió su padre—, es para que no te lastime —añadió tras una breve pausa para tomar aire o para pensar qué podía decir.
Sus padres habían hecho lo imposible para que Tobor, su hijo adoptivo tuviese el mejor regalo de cumpleaños. El robot como todos los niños o robots de su edad había pedido todo lo que se anunciaba en televisión. Pero lo que más había reclamado y con mayor insistencia era tener un hermanito para jugar a ser papá.

Tobor fue creado en los laboratorios de ingeniería electrónica donde trabajan sus padres y propietarios. Ellos también necesitaban tener un niño como los otros y no podían. Lo programaron con un juego mínimo de instrucciones pero que le permitiese desarrollar su propia base de conocimiento, es decir que aprendiera por sí mismo. Tuvieron muy en cuenta que su aprendizaje fuese lo más parecido posible al de un ser humano. Así que cuando contaba un año de vida, Tobor ya prefería quedarse a ver la televisión en vez de ir a la escuela. Así, la criatura se aficionó a todas las teleseries que inundaban la televisión y poco a poco fue creando su propia personalidad no sin dejar de sorprender cada día a sus progenitores. El resto de su infancia transcurrió bien hasta que un día cuando debía tener ya unos seis años y en las fechas de navidad les dijo:
—¿Por qué tengo juguetes y no cosas de verdad como los demás niños? —preguntó Tobor, entre triste y compungido.
No supieron responder. Pensaron que si le decían la verdad de que él no era un niño como los demás sería capaz de deprimirse y ejecutar una serie de acciones imprevisibles. Tuvieron miedo. Mucho miedo. Su madre dijo:
—¡Hijo mío! Te vamos a dar un niño. Por navidad lo tendrás.
Él la miró con cara de asombro y de preocupación. Faltaban apenas dos meses para las fiestas. Preguntaron en el laboratorio y no sirvió para nada. Como la pregunta quedó sin respuesta sus padres siguieron preocupados ante la posibilidad de que la inteligencia del robot les desbordase. Pensaron mucho durante ese tiempo y decidieron ir a un centro comercial un sábado por la tarde para ver si podrían encontrar una solución. Al menos eso les decían en los anuncios de la tele.
—¿Estás seguro que esto es lo que él quiere? —preguntó una vez más el padre.
—Segurísima —dijo la madre—, sólo basta con decirle que es su hijo y ya está.
Llegó por fin el día de navidad. Tobor el robot volvió a sonreír. El regalo que le habían hecho sus padres colmaba por fin sus deseos al menos mientras abría la caja. Pero nada más ver el regalo Tobor dijo:
—No puede ser mi hijo. ¡Este hijo que me habéis traído lleva escrito “Playmobil” y yo no tengo esa marca!

© Manel Aljama (maljama), agosto 2008