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| Propiedad privada: muro protector contra la envidia | Por Pilar Almagro |
¿La propiedad privada es el muro protector contra la envidia? Helmut Schoeck estudió la envidia como una fuerza social potentísima cuando la envidia se vuelve políticamente productiva, cuando puede traducirse en votos y seguidamente en normas, coaliciones y políticas públicas que penalizan el éxito de los demás. La emoción de la envidia se transforma de moción privada a institución pública y ahí se juega parte sustancial del destino material de una sociedad.
Cuando una sociedad moraliza como malo el buen resultado del mercado, es decir, cuando condena el logro de beneficios de los otros, la acumulación de capital y la generación de riqueza. Miren:
"No queremos ser ricos. Ser rico es malo. Ser rico es malo, malo, malo." (Hugo Chaves)
"No queremos ser ricos. Ser rico es malo, malo, malo", dice, ¡para todos, excepto para ellos! Y pretende corregirlo por igualación coercitiva. Entonces, ¿qué pasa? Que se alteran incentivos, se destruye el mecanismo mismo de coordinación, los precios ya no sirven, el cálculo, el descubrimiento empresarial, sustituyéndolo por su personal arbitrariedad. En otras palabras, el gobernante fomenta la envidia en la población para que le aplauda quitarle la riqueza al que la ha creado y quedársela él y los suyos con gran facilidad mientras sumen la miseria a todos los demás.
Schoeck dice:
"La propiedad privada es un muro protector contra la envidia. La propiedad privada no es la causa de la envidia destructiva, sino un biombo que limita su daño social. ¿Por qué? Porque la envidia puede canalizarse hacia la riqueza de los vecinos, siempre que esos vecinos, pues, posean algo: bienes, estatus, ingresos, patrimonio. Pero cuando se suprime la propiedad privada de esos vecinos, porque se la has expropiado, entonces, ¿qué?"
"Exprópiese. Exprópiese." (Hugo Chaves)
¿Cuando le has expropiado la propiedad privada, desaparece la envidia? Pues no. Cuando has expropiado y nadie se atreve a generar negocio alguno, la envidia no desaparece, sino que muta hacia formas mucho más agresivas. Hostilidad personal, sospecha moral, caza del próspero, del comunicador de éxito, del inteligente, del guapo, del alto. Eso es crucial. El igualitarismo político no extingue el impulso envidioso, lo institucionaliza, lo legitima y la sociedad deja de premiar, por ejemplo, el servicio al consumidor que dan las empresas y pasa a premiar la capacidad de movilización contra el éxito ajeno.
Nos lo cuenta Ernesto:
"Sí. La Revolución cubana no nació del hambre ni de la justicia social. Nació de algo mucho más humano y mucho más oscuro: la envidia. En 1958, Cuba era una de las economías más prósperas de América Latina hasta que un hombre descubrió el verdadero combustible del poder, el resentimiento. Fidel Castro no conquistó con ideas, conquistó con envidia. Les dijo a los pobres que su pobreza era culpa del rico y les prometió venganza disfrazada de justicia."
Así que debilitar la propiedad privada, por ejemplo, la de tu casa con la ocupación, no elimina la envidia, la libera de frenos institucionales y la convierte en norma.
"¿Cómo la envidia se convirtió en política de Estado? ¿Cómo destruyó familias, negocios y la moral de todo un pueblo? ¿Y por qué ese veneno todavía nos persigue?"
El pueblo que fomenta la envidia prepara su propio desastre para todos, menos para los gobernantes de turno.
Pilar Almagro en el vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=-m42jJa9dEM
Obra citada:
Obra citada:
"L'Envie : Une histoire du mal" (titre original : Der Neid und die Gesellschaft) est un ouvrage de référence du sociologue allemand Helmut Schoeck, publié en 1966 et traduit aux Belles Lettres. C'est une étude approfondie de l'envie comme moteur de comportements sociaux destructeurs et une passion humaine fondamentale.

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