miércoles, 11 de marzo de 2009

La Loli por Monelle

Fuente Internet,manipulado electrónicoEstaba harto. En más de una ocasión había logrado bloquear su paso, devolverle el importe de la entrada, y conminarla a no regresar jamás bajo la amenaza de denunciarla, pero siempre se me escabullía. Suponía, que aprovechaba las aglomeraciones para colarse por alguna esquina confundida con el resto de espectadores.

Recuerdo el día en el que llegó la nueva acomodadora, debió pensar que era un áspero de mal genio. Primero no iba a dejar que se apropiara de mis clientes más adinerados, aquellos que soltaban siempre un duro de propina por un buen servicio; y segundo era mujer, ¿dónde se había visto una mujer acomodando? Creí que se llevaría más de un pellizco en el culo. Seguro que le provoqué algún quebranto con mis contestaciones.

— ¿Ha habido muchas acomodadoras en la ciudad? —preguntó.
— No, eres la primera y no es mentira. —Le contestó mi compañero.

Pero ese era el menor de mis males. Era domingo, la película de tensión e intriga llena de estampidos y muertos, no era tolerada y habíamos llenado. Cada media hora nos turnábamos para controlar, linterna en mano, que todo el mundo se comportara correctamente. Sabedores de nuestro poder, nos divertía ver cómo se le atragantaban la pipas a más de uno.

En la primera ronda, encontré alguna parejita haciendo lo propio en “la fila de los mancos”, pero no siempre los ponía en vereda. Eso sí, era divertido ver cómo al paso de la linterna, se quedaban quietos, inmóviles.

La tercera ronda le tocó a la nueva, aguardé que saliera para supervisar su trabajo, no me fiaba mucho.

— ¿Algo extraño? —le pregunté.
—No… Bueno sí. Algunos espectadores se quejaban de una musiquilla extraña, como un tintineo…

Entré despacio, para ver si pescaba a Loli de una vez.

“ La Loli ”, así era conocida, había sido una mujer hermosa como pocas que encaminó mal su vida. Cayó en la prostitución, y la calle y el alcohol hicieron el resto. A sus cuarenta y cuatro años aparentaba tener más de cincuenta. Las cuatro perras que sacaba, las ganaba en los cines, ejerciendo de pajillera, embadurnando sus manos con la simiente de algún que otro desesperado, al no encontrar otra ocupación con la que ganar los cuartos para poder comer.

Y ahí estaba yo, intentando frustrar sus esfuerzos. Ante todo estaba mi empleo, aunque no negaré que de vez en cuando hacía la vista gorda.


© CRSignes 100309

5 comentarios:

  1. Estoy gratamente sorprendido. Me llama la atención en el relato un toque nuevo, distinto, más directo y duro, empleando palabras como "prostitucion" y "pajillera".
    Esto contrasta con tu tono poético, metafórico y aséptico tan habitual y distintitivo de tus trabajos.

    He "viajado" al cine y he visto la pareja de acomdadores. No tienen desperdicio, yo creo que dan para más en otro texto,seguro... ¡Cuántas cosas se han hecho en los cines! Pero lo mejor, es lo del tintineo. Y la lástima es que este "oficio" se pierde:


    pajillera: (De paja). 1. f. vulg. Prostituta que masturba a sus clientes.
    http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?TIPO_HTML=2&TIPO_BUS=3&LEMA=pajillera
    Pero en breve estará "enmendado" esta definición y dejará de ser un oficio (botón Artículo Enmendado).

    Ojalá sirva tu relato para recordarlo.

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  2. Sólo añadir que podéis leer más de esta excelente escritora y fotógrafa en El Libro de Monelle
    http://www.servercronos.net/bloglgc/index.php/monelle/

    Merece la pena perderse un ratito cada día entre sus textos y sus fotos.

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  3. Gracias Manel. Como siempre me halagas con tus palabras y sobre todo permitiendo que mis letras invadan tu blog.
    Besos.
    Carmen

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  4. Yo estaba allí.
    Sí, conozco el paño. No solamente de oídas si no que en una ocasión fui testigo directo de el hecho en un cine del final de Las Ramblas (bajando a mano derecha) de Barcelona. Existían ciertamente estas señoras aliviadoras de la tensión masculina.
    No tuve ocasión de probar sus servicios, tal vez por falta de liquidez en aquellos años de mi juventud. Corría el año sesenta y seis de nuestra era (siglo pasado) y yo tendría unos diez y seis años. ¡Qué bien me hubiera ido entonces un trabajito de aquellos!
    Curioso, duro y simpático a la vez texto.
    Saludos Monelle.

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  5. Gracias Manel por este texto tan lleno de realidad.

    Le he dejado un mensaje a Monelle en su web, debajo del texto, donde correspondía:

    "Manel me recomendó este texto. Y no he podido dejar de leerlo. A pesar de lo sórdido de la profesión de la protagonista, o tal vez por ello, es un gran texto. Presentas la vida de este personaje sin juzgarla y con tus palabras soy capaz de entender cómo ha podido llegar hasta aquí. Yo tampoco la juzgo. Sólo leo y disfruto de la escena.
    Gracias Manel, gracias Monelle.
    Fran "

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Gracias por tu colaboración.